Julio 17, 2004

Yo decido

Ella había colgado el telefono, pero el se quedo unos segundos más escuchando su propia respiración en el auricular “eso indica que aun sigo vivo” pensó

Por fín se decidió a dejar el auricular inalámbrico a un lado y se tiró en la cama con los ojos cerrados, bien apretados, como queriendo hacer que el mundo entero desapareciera y perderse en una nada interminable todo el tiempo que el corazón le siguiera latiendo.

Mientras, su cabeza le empezó a jugar bromas pesadas, presentandole un panorama de memorias que saltaban entre los videos del pasado, las instantaneas panorámicas del presente y unas diapositivas borrosas de su propio cuerpo helado y tieso de la mañana de mañana, el único futuro que ahora le parecía posible.

Por más que se esforzó para mirar hacia atrás, lo mas que alcanzaba a mirar a la distancia era la imagen gris de una tarde de diciembre. Le pareció como si el mundo, el tiempo y el universo entero hubiesen sido creados apenas hacía poco más de dos años.

Se vió a si mismo tendido con las manos bien estiradas, los párpados impenetrables y los pies colgando de la cama. Su habitación, iluminada a medias por la luz de la lampara de alumbrado público que entraba por la ventana de herreria despintada permanecía en el mismo completo desorden que había estado desde hace 3 semanas.

Aquel primer instante fue mágico. Ella pasó distraída frente a el, sin siquiera mirarlo. Su figura iluminada de colores pastel contrastaba fuertemente sobre el fondo de grises y pardos que decoraban aquel pueblo olvidado de Dios. El la observó cuidadosamente, si perder detalle de cada uno de sus movimientos: sus pasitos cortos, el vaiven de sus brazos, el mecer de sus caderas y la manera en que se recogía el pelo antes de perderse en la distancia.

Junto a esa guitarra que a fuerza de acumular polvo había cambiado de color rojo caoba a un gris cenizo, en la mesita de la esquina, había tres cartas inconclusas. Una hablaba de arrepentimiento, la otra de perdón y la tercera de olvido. Todas habían comenzado a escribirse con el corazón pero ninguna era completamtne sincera. “Debí haber terminado de escribír al menos una” pensó para si mismo, “Quién las encuentre mañana va a pensar que soy un maldito indecíso.”

Si bien, le había parecido que el mundo comenzó hace apenas dos años estaba seguro que el principio del apocalipsis había tenído lugar hacía cinco minutos. Había llegado como siempre, con la mente cubierta por esa capa de hartazgo que había terminado de insensibilzarlo. Durante el viaje en minibus desde su trabajo , el hombrecillo dentro de su cabeza le había vuelto a pasar el video clip de la chica del pelo largo, el inicio era mas o menos el mismo de siempre. Despúes aparecìan escenas, sensaciones, recortes y pedazos de vidas propias y ajenas en un orden aleatorio pero cuidadosamente seleccionado. La mirada profunda, el tácto de una piel, un sabor familiar, su voz, su nombre, el cine, el centro, el parque, la noche, una mañana, un atardecer. Y luego el final de siempre, una imágen empañada que se perdía en el horizonte, despues el silencio, después nada. Cuando abrió los ojos ya se había pasado por tres calles la esquina donde debía bajar del camión. Caminó de vuelta hasta su casa, a medias dormido y a medias modorro. Cuando pasó por la puerta de la cochera vovlió a recordar que ya no estaban ahí ni el coche ni el perro, sintió una especie extraña de tristeza. “Bien dicen que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor” recordó una canción y quizo silbarla pero un ataque de tos se lo impidió. “Puedes irte el tiempo que quieras” se dijo a si mismo “pero cuando vuelvas la rutina siempre va a estar ahí”. Apenas dejó sus llaves en el buró junto a su cama, el timbre del teléfono rompió violentamente el silencio. Sacó el auricular inalámbrico de debajo de una sabana y presionó el botón de llamada justo despés del tercer timbre. Era ella.

Pensó que había sido una coincidencia afortunada pasar por alto el poner seguro a la puerta de su cuarto, así por la mañana cuando vinieran por el, nadie tendría que forzar la puerta.

Tendido ahí sobre su cama boca arriba y con los brazos extendidos, vio a través de sus ojos cerrados que proyectaban una película en su techo. Un tipo caminaba por una calle muy transitada bajo el quemante sol de medio día. Hombres, mujeres y niños pasaban junto a el con las caras largas, las miradas llenas de hastío y algunos hasta lo empujaban con el hombro. Paso varias calles, contemplando el panorama en colores desaturados, el ir y venir de las personas, las jetas de piedra y los pasos apresurados. La caminata que parecía interminable se detuvo cuando se encontró ante una avenída altamente circulada y del otro lado divisó el objetivo de su busqueda. Parada en la esquina con la mirada distraída en un aparador estaba una muchacha, de unos veintidos años, morena y alta, con una hermosa cabellera larguísima que llevaba suelta. Justo cuando estaba a punto de atravesar la calle, una van de color azul se estacionó en el lugar por donde iba a cruzar y frente a e quedó una ventana con vidrios negros polarizados. Que impresión se llevó cuando en el reflejo sobre el vidrio negro reconoció su propia cara. Sin duda era su rostro pero en lugar de tener la expresión hierática de siempre, ahora mostraba una sonrisa que lo volvía prácticamente irreconocible. No era una sonrisa cínica, ni forzada sino mas bien sincera e idiota. Una expresión de felicidad que típicamente lucen los estúpidos que no saben nada de nada. Podía ser sincera si, pero por ahora ver esa mirada reflejada en ese vidrio en esa van en ese recuerdo le parecía mas bien una burla cruel. Decidió no mirar más, al fin que ya sabía de sobra en que terminaba.

“¿De que sirve una voz que no tiene ojos, ni cara, ni manos, ni cabello?” se preguntó, “que invento más estúpido este de los teléfonos”. Lamentó mil veces su suerte y maldijo hasta el cansancio la mirada profunda, el tacto de su piel, su voz, su nombre, el cine, el parque y todo lo demas. Maldijo el horizonte, la distancia y la sonrisa estúpida que no volvió a encontrar. Pero en nada de esto encontró consuelo.

Todavía resonaban en su cabeza las ultimas palabras de ella, como un disco rayado se repetían una y otra y otra vez hasta que empezaban a carecer de sentido. Pensó en que su vida las ultimas dos semanas no habían sido sino una constante repetició de lo mismo y llegó a la conclusión de que como las palabras tambien había acabado por perder todo sentido. Por un momento tuvo conciencia de una especie de prehistoria y se dió cuenta de que el mundo no había comenzado hace apenas dos años. Tomó una desición y cayó en espiral hacia un abismo profundo, interminable.

Allí, tendido en su cama, con los brazos bien extendidos y los ojos cerrados decidió dejar de respirar.

Escrito por sosa en: Julio 17, 2004 12:24 AM | TrackBack
Comentarios

AYUDENME A BAJAR DE PESO. URGENTE

Posted by: ROSA LIDIA RUIZ G. en: Marzo 24, 2005 03:54 PM

deseo bajar de peso y cambiar mi apariencia, me siento cansada, poco atractiva, ya no se que ropa usar necesito que me ayuden peso mas de 75 Kilos y mi altura es de 1.63 ¿que puedo hacer?

Posted by: Rocio en: Abril 26, 2005 03:31 PM

peso 70 kh
ymido 1.49

Posted by: karina en: Mayo 5, 2005 08:05 PM

Chicas, no quiero ser aguafiestas pero… ya leyeron de que trata la historia? No tiene nada que ver con formas de bajar-de-peso… No encontrarán ayuda aquí, lo siento.

Posted by: MarthaX en: Mayo 7, 2005 01:58 PM

OOOOO QUE MALA, DEJA QUE SE ILUSIONEN NO MAS

Posted by: YOP en: Julio 6, 2006 04:54 PM

baje hasta dos kilos de grasa corporal por semana naturalmente tomando nuestra agua de jamaica baja esos kilitos de mas y moldea tu cuerpo naturalmente y sin rebote contactanos a quimicoscgm@hotmail.com

Posted by: carlos en: Septiembre 28, 2006 03:10 PM
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