Te pedí que no me besaras.
Pero no me hiciste caso, y acercaste tus labios fríos a mi cara.
Sentí el suave roce entre mi mejilla y mis labios. Luego la presión, quise zafarme, pero sólo sirvió para que me sujetaras y aspiraras con fuerza.
Desde entonces no me recupero, aunque nadie parezca darse cuenta.
Me aplicaste anestesia y luego me inmovilizaste los músculos. Me sometiste a una fuerza poderosa.
Ahí voy yo por la vida, con una sonrisa permanente, producto de un simple beso robado.