Enero 20, 2007

El regreso de la inspiración.

No se por qué, pero estaba yo sentado frente al monitor mirando fijamente el enorme campo de texto completamente blanco. Estaba tan abstraído — insisto, no se por qué — que no la sentí llegar ni me di cuenta de su presencia hasta que estaba junto a mí. Me tocó el hombro, y creo que hasta salté.

— ¡Hola! — su voz me pareció familiar, pero tarde en reconocerla — ¿Interrumpo algo?
— No, para nada… sólo estaba… — entonces la reconocí —- …¡Ah! eres tú. ¿Que haces aquí?
— ¡Pero que manera tan fea de recibirme! ¿Hace tanto que no nos vemos que ya no me recuerdas?
— Sorry. Es que de verdad no te esperaba.
— Disculpa aceptada. Ahora a lo que nos truje.
— No te entiendo… ¿Que hay que hacer?
— Pues tu vas a escribir y yo vine a ayudarte.
— ¿Yo quiero escribir?
— Bueno, por eso estás ahi sentado ¿Que no?
— Pues… creo que sí… ¿Y que vamos a escribir?
— Cuentos, rimas, relatos, poesía.. da igual realmente.
— Ok. ¿Y sobre qué?
— Sobre soledad, tristeza, desencuentros, sueños rotos, esperanzas desengañadas, ilusiones sin fundamento, luces que se apagan, pasos que se alejan y recuerdos empañados. Ya sabes… lo de siempre.
— ¿Qué? No, esperate. Yo no quiero escribir nada de eso. Yo… yo me siento bien.
— ¡Ay no puede ser! ¿Sigues en etapa de negación? ¡No tengo tiempo para esto, por dios!
— ¿Negación de qué? Yo estoy bien, no pasa nada…
— La viste hoy… ¿No es así?
— ¿A quien?
— ¡Arghh! ¡Deja de hacerte wey! ¿La viste?
— …Sí
— Pues por eso vine. Tú solo logras escribir cuando estás triste y hoy te sobran razones para escribir.
— No entiendo. O sea… yo estoy bien… ¿Y ella que tiene que ver? ¿Por que me preguntas?
— Bueno, dices que la viste.
— Que sí.
— Y tu todavía la quieres.
— Claro, es una de mis mejores amigas… mi mejor amiga quizá.
— No wey, no. No es tu mejor amiga ¡Es el maldito amor de tu triste vida acéptalo de una buena vez! ¡Cuando le platiques a tus nietos historias sobre la mujer que más quisiste serán historias sobre ella… y serán historias con finales tristes!
— ¿Estás hebria?
— No. Pero tu deberías estarlo.
— Yo no tomo.
— Bueno, nunca es tarde para empezar.
— Mira, me cae que no te entiendo nada…
— ¡Ay no puede ser! ¡No tengo tiempo para esto, por dios! ¿Recuerdas lo que hablaron?
— Ahora que lo dices… no lo tengo claro. Hablamos lo de siempre, creo.
— Que tu familia, que la suya, que el coche, que las dietas… que el novio.
— Si. Tiene novio y dice que lo quiere mucho.
— Wey…
— Ahora recuerdo algo. Tienes razón, estaba muy triste. Fue algo que dijo que me puso triste. Pero como siempre no dejé que se me notara la tristeza. Y Recuerdo que se fué. Y que mientras se alejaba una lágrima se me escapó de los ojos y una frase tímida se me quedó en la punta de la lengua. Ahora recuerdo que como siempre, me hizo falta valor para decirle lo que me quemaba por dentro.
— ¿Recuerdas eso que no le pudiste decir?
— Creo que… — Entonces lo recordé, el estomago se me revolvió, mi corazón se saltó un latido y el aire se volvió insuficiente— la frase que se me quedó atrapada en los labios fue “No te cases. Yo te quiero”.
— Bien. ¿Ahora podemos empezar?
— Solo dicta.

Escrito por sosa en: 11:42 PM | Comentarios (2) | TrackBack