No se por qué, pero estaba yo sentado frente al monitor mirando fijamente el enorme campo de texto completamente blanco. Estaba tan abstraído — insisto, no se por qué — que no la sentí llegar ni me di cuenta de su presencia hasta que estaba junto a mí. Me tocó el hombro, y creo que hasta salté.
— ¡Hola! — su voz me pareció familiar, pero tarde en reconocerla — ¿Interrumpo algo?
— No, para nada… sólo estaba… — entonces la reconocí —- …¡Ah! eres tú. ¿Que haces aquí?
— ¡Pero que manera tan fea de recibirme! ¿Hace tanto que no nos vemos que ya no me recuerdas?
— Sorry. Es que de verdad no te esperaba.
— Disculpa aceptada. Ahora a lo que nos truje.
— No te entiendo… ¿Que hay que hacer?
— Pues tu vas a escribir y yo vine a ayudarte.
— ¿Yo quiero escribir?
— Bueno, por eso estás ahi sentado ¿Que no?
— Pues… creo que sí… ¿Y que vamos a escribir?
— Cuentos, rimas, relatos, poesía.. da igual realmente.
— Ok. ¿Y sobre qué?
— Sobre soledad, tristeza, desencuentros, sueños rotos, esperanzas desengañadas, ilusiones sin fundamento, luces que se apagan, pasos que se alejan y recuerdos empañados. Ya sabes… lo de siempre.
— ¿Qué? No, esperate. Yo no quiero escribir nada de eso. Yo… yo me siento bien.
— ¡Ay no puede ser! ¿Sigues en etapa de negación? ¡No tengo tiempo para esto, por dios!
— ¿Negación de qué? Yo estoy bien, no pasa nada…
— La viste hoy… ¿No es así?
— ¿A quien?
— ¡Arghh! ¡Deja de hacerte wey! ¿La viste?
— …Sí
— Pues por eso vine. Tú solo logras escribir cuando estás triste y hoy te sobran razones para escribir.
— No entiendo. O sea… yo estoy bien… ¿Y ella que tiene que ver? ¿Por que me preguntas?
— Bueno, dices que la viste.
— Que sí.
— Y tu todavía la quieres.
— Claro, es una de mis mejores amigas… mi mejor amiga quizá.
— No wey, no. No es tu mejor amiga ¡Es el maldito amor de tu triste vida acéptalo de una buena vez! ¡Cuando le platiques a tus nietos historias sobre la mujer que más quisiste serán historias sobre ella… y serán historias con finales tristes!
— ¿Estás hebria?
— No. Pero tu deberías estarlo.
— Yo no tomo.
— Bueno, nunca es tarde para empezar.
— Mira, me cae que no te entiendo nada…
— ¡Ay no puede ser! ¡No tengo tiempo para esto, por dios! ¿Recuerdas lo que hablaron?
— Ahora que lo dices… no lo tengo claro. Hablamos lo de siempre, creo.
— Que tu familia, que la suya, que el coche, que las dietas… que el novio.
— Si. Tiene novio y dice que lo quiere mucho.
— Wey…
— Ahora recuerdo algo. Tienes razón, estaba muy triste. Fue algo que dijo que me puso triste. Pero como siempre no dejé que se me notara la tristeza. Y Recuerdo que se fué. Y que mientras se alejaba una lágrima se me escapó de los ojos y una frase tímida se me quedó en la punta de la lengua. Ahora recuerdo que como siempre, me hizo falta valor para decirle lo que me quemaba por dentro.
— ¿Recuerdas eso que no le pudiste decir?
— Creo que… — Entonces lo recordé, el estomago se me revolvió, mi corazón se saltó un latido y el aire se volvió insuficiente— la frase que se me quedó atrapada en los labios fue “No te cases. Yo te quiero”.
— Bien. ¿Ahora podemos empezar?
— Solo dicta.