de tantas y tantas y tantas maneras distintas
aprendí a decir tu nombre
Que aún sabiendo que no responderías
de llamarte me alimentaba
y de rogarte
y de decirte
de tantas y tantas y tantas maneras distintas
— no me dejes morir de hambre
¿Cómo te atreves a llegar de repente a interrumpir mi profunda tristeza?
¿Con que derecho te metes en mis sueños y ahuyentas mis pesadillas?
Yo estaba tan tranquilo, aferrado a mi desesperanza y esperando aletargado a que las horas terminaran.
Tan acostumbrado al blanco, al negro y a mis tonos de gris que el color de tus ojos me encandila.
La melodía de tu voz lastiman a mis oídos acostumbrados al silencio de grillos y de viento colado.
El pecho me quema y las venas me arden ahora que mi corazón vuelve a latir.
Mis mandibulas crujen porque no puedo evitar sonreirte.
Y tu me sonríes de vuelta. ¿Cómo te atreves?
Puedes cambiarte el nombre o el cuerpo pero yo siempre sé quien eres
¿Para que viniste? ¿Por qué me tocas?
Si al final
siempre
te vas.