Me gustan las yemas de tus dedos, cómo pasan por debajo de mi nuca, cómo aprisionan suavemente mi oreja.
No me gustan tus dedos cuando se cierran sobre mis brazos, cuando algo te llena la cabeza de celos.
Me gusta como con un simple apretar mi mano, me dices tantas cosas: Te quiero, Te ves hermosa, Ya vámonos, Estoy orgulloso, Si no estuvieran aquí tus papás…
No me gusta como me abrazas cuando hay otros hombres alrededor, como diciendo: Es mía, Ni siquiera la mires, Ni siquiera los mires.
Me encanta cuando me robas besos, cuando aprovechas cualquier oportunidad para explorar debajo de mi blusa.
Me irrita cuando no podemos ni hablar por tus ímpetus o por tus hirientes críticas por la ropa que uso.
Me gusta como brillan tus ojos al verme, como se ilumina tu rostro y me dices piropos muy quedito.
Me asusta cuando tus ojos se ven vacíos, cuando se te endurece el rostro y me reprendes entre dientes.
Disfruto del calor de tu cuerpo, de tu lengua, de tus palabras.
Me humilla el calor que queda sobre mi cara cuando me golpeas por una tontería.
Me gusta cómo se oye mi nombre cuando tú lo susurras, como pegas tus labios a mi cabeza para decirlo, el temblor de mi cuerpo al oírlo.
No me gusta cuando gritas mi nombre, cómo azotas mi cabeza contra la pared, el dolor de saber que yo grito el tuyo y tú tiemblas y no escuchas.
Ya no quiero torturarme pensando si me quieres o no me quieres.
Lo que me duele es la incertidumbre de no saber si yo te quiero o ya no más…
¿Y tú que sabes de soledad
si nunca te has visto pasar
del otro lado de la calle
o detras de un cristal?
¿Tú que sabes de abandono
si vives contigo
y te arropas por las noches?
¿Tú que sabes de tristeza
si nuncas has visto
tu imagen empañada
a través de mis ojos?
¿Qué vas a saber de amor
si nunca te has amado
como te amo yo?