Cuando era niña y veía las parejas quedarse quietos y verse embelesados a sí mismos, me preguntaba que misterio ocultaban sus ojos que se pasaban horas, días, simplemente contemplándose.
Mamá me dijo que la razón eran las pestañas.
Él le cuenta las pestañas a ella…
Ella se las cuenta a él..Ah!… Romanticimos puro.
Años, muchos años después, entiendo en que reside lo efímero de mis relaciones amorosas: tengo 8 pestañas en un ojo y 7 en el otro, además son demasiado cortas. El Romeo en turno se aburre muy pronto…
Comprendí de la peor manera que la cantidad sí importa. Lo largo sí importa.
Maldición, yo, que siempre fui muy honesta, estoy siendo obligada a usar máscara.