Mayo 03, 2004

Ella me dijo : “he decidido no volver a enamorarme nunca”. Yo tuve qué ahogar una carcajada que me naciò de lo mas profundo y se apresuraba salir por mi garganta. ¿Quién decide enamorarse? ¿Quien es aquél que que puede presumir de haber domado al corazón y que mientras lleva una mano a la cintura con la otra mostando su pulgar hacia arriba o hacia abajo le indica claramente a quien si y a quien no se debe amar? Por eso tuve que ahogar mi carcajada. Porque ante declaraciones tan sinceras aunque tan absurdas la risa mas espontanea suele malinterpretarse como una burla cruel. Y yo no quiero que ella piense que soy cruel.
— De verdad has estado enamorada? — le pregunte
— Alguna vez lo estuve — Me respondió mirando hacia el suelo — pero no quiero estarlo nunca más.
Parecía que se comenzaba a darse cuenta de lo ridiculo de su resolución anterior. Ya hay una diferencia entre decidir y desear algo. Una enorme diferencia, diría yo.
— ¿Y cuando estuvo enamorada, fué felíz?
— Sòlo la mitad del tiempo
— ¿ Que mitad fué esa?
— Cuando el sol brillaba. El me miraba y yo le sonreía. Me tomaba de la mano y me llevaba de paseo por lugares hermosos y fascinantes — su mirada pareció iluminarse — buscaba lugares apartados, me tomaba entre sus brazos y con sus labios humedecía los míos que le buscaban como el bebe busca el pecho de su madre. pero…
— pero …
— Por las noches se despedía de mi, me miraba con tristeza y me daba un beso suave que yo sentía como si fuera el ultimo. Se separaba de mi, y casi sin mirarme se perdía en la oscuridad balcuceando la promesa de un nuevo encuentro.
— Y un dia, el rompió su promesa.
— Un dia prefirió no prometer.
— ¿ Y el le amaba?
— ¿Como podría saberlo?
— Usted… ¿se sentía amada?
— El me hacía sentir como que yo era todo para el.
— Entonces es afortunada
— ¿Porqué? si un dia se fue llevandose sus besos sus caricias y sus abrazos, cargando a cuestas mis sueñs, mis ilusiones y mis esperanzas. No soy afortunada, no tengo nada.
— Le quedan los recuerdos.
— Los recuerdos no sirven de nada.
— Los recuerdos son tesoros.
— No comprendo sus palabras.
— Usted tiene recuerdos haber amado y haber sentido como el amor de alguien mas se derramaba sobre usted. hay quiene no tenemos ni eso. Habemos para quienes el amor es sinonimo de sufrimiento. De dar y nunca recibir, de mirar y no ser mirado. De despertar por las noches pronunciando el nombre de alguien que no piensa en nosotros. De mirar de lejos. De fingir amistad. El amor se vuelve un lastre, un aguijon clavado en nuestro pecho que nos recuerda que lo unico que nos queda de vivir es seguir sufriendo cada dia. El amor se convierte en ver al ser amado amando a alguien mas. Conformarse con el saludo casual y la sonrisa de agradecimiento. — Sus ojos, escrutadores, se clavaron en los míos como si tratara de encontrar en su fondo una explicación lógica a lo que mis labios no paraban de recitar. — Hay quienes hemos amado con toda nuestra alma y jamas hemos recibido ese beso que viene impregnado con promesas de un nuevo encuentro. Y aun así, me siento afortunado.
— ¿Por qué razón?
— Porque en momentos como estos, en que uno tiene de frente al ser amado, mirandole fijamente y abriendo las ventanas de su corazon. Cuando puedo escuchar de cerquita su respiración. Cuando me doy cuenta de que he captado al menos por un momento su atención, entonces se que todas las noches en vela pensando en usted han valido la pena.
Su rostro esbozaba una sonrisa como esas que salen a la superficie cuando se ahoga un acarcajada. Pero no dijo nada, solo se retiró lentamente y se fué. Se fué de aquel billar, de aquel pueblo y de mi vida para siempre.
¡Que afortunado soy! Me quede con el recuerdo de una mirada.

Escrito por sosa en: 01:25 AM | Comentarios (1) | TrackBack