Febrero 24, 2007
El Destino
Después de años, volvemos a encontrarnos tu y yo.
A ti te han pasado muchas cosas, a mí casi nada, ja. Pero a pesar de que somos otros, recuerdo tus palabras, la fuerza de tu mirada. Siempre me causaste una profunda ternura. ¿Yo? ¿Qué demonios te atrae de mí? Lo ignoro. Pero ahí está otra vez el sentimiento, la frase, la caricia en los nudillos.
Ellos dicen (vuelven a decir): “Ustedes deben estar juntos”.
¿Sí? ¿De modo que a eso se resume todo? A un deber…
Si llegaste a conocerme, si llegaste a entender los misteriosos laberintos de mi corazón sabes lo que sigue.
Aún queda en mí suficiente rebeldía para decir no.
No a ese destino que parece estar marcado. Ese destino que nos tiene reservados el uno al otro.
El de unir nuestros caminos porque debemos seguir la flecha, la línea amarilla.
No lo haré.
Se oirá muy trillado pero… No eres tú, soy yo.
Quisiera que entendieras, siempre despertarás ternura en mí, pero me niego a ser un títere. Tu tampoco, estoy segura. Siempre admiré tu valor.
Te conozco. Sé que comprenderás que entonces ya no podemos ser ni amigos.
Me duele en el alma tener que decirle adiós a todo eso, a lo que pudimos ser y no seremos.
Me duele despedirme de tí. Pero es el camino que elegí.
Sé (siempre fuiste) valiente. Tu destino está en tus manos.
Enero 20, 2007
El regreso de la inspiración.
No se por qué, pero estaba yo sentado frente al monitor mirando fijamente el enorme campo de texto completamente blanco. Estaba tan abstraído — insisto, no se por qué — que no la sentí llegar ni me di cuenta de su presencia hasta que estaba junto a mí. Me tocó el hombro, y creo que hasta salté.
— ¡Hola! — su voz me pareció familiar, pero tarde en reconocerla — ¿Interrumpo algo?
— No, para nada… sólo estaba… — entonces la reconocí —- …¡Ah! eres tú. ¿Que haces aquí?
— ¡Pero que manera tan fea de recibirme! ¿Hace tanto que no nos vemos que ya no me recuerdas?
— Sorry. Es que de verdad no te esperaba.
— Disculpa aceptada. Ahora a lo que nos truje.
— No te entiendo… ¿Que hay que hacer?
— Pues tu vas a escribir y yo vine a ayudarte.
— ¿Yo quiero escribir?
— Bueno, por eso estás ahi sentado ¿Que no?
— Pues… creo que sí… ¿Y que vamos a escribir?
— Cuentos, rimas, relatos, poesía.. da igual realmente.
— Ok. ¿Y sobre qué?
— Sobre soledad, tristeza, desencuentros, sueños rotos, esperanzas desengañadas, ilusiones sin fundamento, luces que se apagan, pasos que se alejan y recuerdos empañados. Ya sabes… lo de siempre.
— ¿Qué? No, esperate. Yo no quiero escribir nada de eso. Yo… yo me siento bien.
— ¡Ay no puede ser! ¿Sigues en etapa de negación? ¡No tengo tiempo para esto, por dios!
— ¿Negación de qué? Yo estoy bien, no pasa nada…
— La viste hoy… ¿No es así?
— ¿A quien?
— ¡Arghh! ¡Deja de hacerte wey! ¿La viste?
— …Sí
— Pues por eso vine. Tú solo logras escribir cuando estás triste y hoy te sobran razones para escribir.
— No entiendo. O sea… yo estoy bien… ¿Y ella que tiene que ver? ¿Por que me preguntas?
— Bueno, dices que la viste.
— Que sí.
— Y tu todavía la quieres.
— Claro, es una de mis mejores amigas… mi mejor amiga quizá.
— No wey, no. No es tu mejor amiga ¡Es el maldito amor de tu triste vida acéptalo de una buena vez! ¡Cuando le platiques a tus nietos historias sobre la mujer que más quisiste serán historias sobre ella… y serán historias con finales tristes!
— ¿Estás hebria?
— No. Pero tu deberías estarlo.
— Yo no tomo.
— Bueno, nunca es tarde para empezar.
— Mira, me cae que no te entiendo nada…
— ¡Ay no puede ser! ¡No tengo tiempo para esto, por dios! ¿Recuerdas lo que hablaron?
— Ahora que lo dices… no lo tengo claro. Hablamos lo de siempre, creo.
— Que tu familia, que la suya, que el coche, que las dietas… que el novio.
— Si. Tiene novio y dice que lo quiere mucho.
— Wey…
— Ahora recuerdo algo. Tienes razón, estaba muy triste. Fue algo que dijo que me puso triste. Pero como siempre no dejé que se me notara la tristeza. Y Recuerdo que se fué. Y que mientras se alejaba una lágrima se me escapó de los ojos y una frase tímida se me quedó en la punta de la lengua. Ahora recuerdo que como siempre, me hizo falta valor para decirle lo que me quemaba por dentro.
— ¿Recuerdas eso que no le pudiste decir?
— Creo que… — Entonces lo recordé, el estomago se me revolvió, mi corazón se saltó un latido y el aire se volvió insuficiente— la frase que se me quedó atrapada en los labios fue “No te cases. Yo te quiero”.
— Bien. ¿Ahora podemos empezar?
— Solo dicta.
Septiembre 28, 2006
la respuesta
la pregunta es complicada
pero la respuesta es simple
es solo una palabra
que es una silaba
que son dos letras
una consonante mayúscula
y una vocal acentuada
la pregunta es complicada
pero la respuesta es simple
Tú.
Septiembre 09, 2006
Lo que más me asombra
he contemplado a los vientos
peleandose por tu pelo
he visto a la luz
quebrarse y apresurarse
para asomarse a través tus ojos
escuché a las palabras
a los adjetivos y a los verbos
arremolinearse y atropellarse
para rosar tus labios primero
sentí volverse insuficiente al tiempo
al tenerte cerca
y como se congela
cuando después estás ausente
pero cuando te escucho hablarme
y consigo sonreir al verte
nada me asombra más que la idea
de que hace tan poco
yo existiera
sin conocerte
Agosto 23, 2006
un poco después
de tantas y tantas y tantas maneras distintas
aprendí a decir tu nombre
Que aún sabiendo que no responderías
de llamarte me alimentaba
y de rogarte
y de decirte
de tantas y tantas y tantas maneras distintas
— no me dejes morir de hambre
Agosto 07, 2006
¿Otra vez?
¿Cómo te atreves a llegar de repente a interrumpir mi profunda tristeza?
¿Con que derecho te metes en mis sueños y ahuyentas mis pesadillas?
Yo estaba tan tranquilo, aferrado a mi desesperanza y esperando aletargado a que las horas terminaran.
Tan acostumbrado al blanco, al negro y a mis tonos de gris que el color de tus ojos me encandila.
La melodía de tu voz lastiman a mis oídos acostumbrados al silencio de grillos y de viento colado.
El pecho me quema y las venas me arden ahora que mi corazón vuelve a latir.
Mis mandibulas crujen porque no puedo evitar sonreirte.
Y tu me sonríes de vuelta. ¿Cómo te atreves?
Puedes cambiarte el nombre o el cuerpo pero yo siempre sé quien eres
¿Para que viniste? ¿Por qué me tocas?
Si al final
siempre
te vas.
Junio 19, 2006
Yo no olvido nada
Y te olvidaste de mi nombre
de mí que por tí daría la vida,
cuando estabas entre sus brazos
tú que no das la vida ni por tí misma
Te olvidaste de que existo
de agosto, de junio y de febrero
se te aguaron en la boca mis palabras
cuando te recorria la espalda con su aliento
Y te olvidaste de la puerta
de dejarla bien cerrada y con seguro
se te olvido que yo soy silencio
cuando tus gritos rebotaban en los muros
¿Sabes qué más olvidaste?
Olvidaste pedirle que se cuidara
¿Te volviste descuidada mujer?
¿O se te olvido que yo no olvido nada?
Mayo 28, 2006
Intercambio
tenía un cúmulo de expectatívas
tenía la expectativa de quererte
y tambien esperaba que me quisieras
sin embargo llegué, llegaste
me fuí, te fuíste
y sólo hicimos un intercambio
mis expectativas por tu indiferencia
Mayo 09, 2006
Deforme
Te pedí que no me besaras.
Pero no me hiciste caso, y acercaste tus labios fríos a mi cara.
Sentí el suave roce entre mi mejilla y mis labios. Luego la presión, quise zafarme, pero sólo sirvió para que me sujetaras y aspiraras con fuerza.
Desde entonces no me recupero, aunque nadie parezca darse cuenta.
Me aplicaste anestesia y luego me inmovilizaste los músculos. Me sometiste a una fuerza poderosa.
Ahí voy yo por la vida, con una sonrisa permanente, producto de un simple beso robado.
Marzo 27, 2006
dialogo
— ¿…Entonces no?
— Bajo ninguna circunstancia. Disculpame.
— Me habría gustado mucho que estuvieras ahí.
— A mi no.
— Bueno, casi me tengo que ir; mañana hay que levantarse temprano.
— Si, ya es tarde y llevamos un buen rato hablando.
— Hasta luego pues.
— Si. Ha sido todo un gusto conocerte. Sé muy feliz.
— Hey espera, eso parece una despedida definitiva. ¿Me estas diciendo adios para siempre o qué?
— Bueno, es que está será la ultima vez que hablemos.
— No juegues…
— La neta, esta es la ultima vez que vamos a hablar.
— ¿Pero por qué?
— Mujer, por favor ¡Te casas pasado mañana!
— ¿Qué con eso? Podemos seguir hablando de cualquier forma.
— No.
— ¿Pero por qué no?
— Yo no hablo con mujeres casadas.
— ¿Ni con mujeres casadas que son — o fueron— tus amigas?
— Tu serás una mujer casada que quise mucho.
— …
— …
— ¿Si me querías?
— Más que eso, te amé. Te amé con todo lo que soy. Te amé de maneras en que no me creí capaz de amar. Vivía por tí. Habría muerto por tí.
— Y yo que te dejé ir.
— …
— Oye… dime si todavía sientes eso por mí.
— Para serte sincero no siento nada.
— ¿De plano nada?
— Bueno, una especie de nostalgia. Como si extrañara la compañía de aquel amor que se tuvo que morir.
— ¿Murió al fin?
— Si.
— …
— Lo siento.
— No. Supongo que fue lo mejor.
— Asi fué.
— ¿Pero no sufrió verdad? No soportaría pensar en su dolor.
— En realidad murió asfixiado.
— ¿Lo mataste entonces? ¿Te atreviste a asesinarlo?
— No fui yo.
— ¿Quien entonces?
— El odio.
— …
— Después que te fuiste, cuando me engañaste, un odio irracional empezó a crecer en mí. Al principio parecía insignificante junto al amor que te tenía, pero éste fue creciendo. Iba alimentandose insaciablemente de mis noches de soledad y engordaba y ensanchaba su abdomen, se deformaba y crecía y crecía hasta que un día aplasto al amor. El pobre ni siquiera tuvo tiempo de gritar.
— ¿Me odias entonces?
— No. El odio terminó por morirse de hambre.
— Hmm. ¿Hace cuanto?
— Hará un año y medio.
— ¿Hace tanto que no nos vemos?
— Un poco más.
— …
— …
— ¿Sabes una cosa?
— Dime.
— Yo todavía siento algo por tí.
—¿Sientes qué?
— No te sabría explicarlo ni se si tenga nombre. Yo no soy tan elocuente como tú, lo mío son los numeros ya lo sabes. Solo se que 4 dias a la semana pienso en tí antes de acostarme a dormir y 2 de esos dias sueño contigo. No sueño mucho, pero se que abarcas el 25 o el 30 por ciento de mis sueños. Los domingos de 6 a 7 tocó en el organo esa canción que me enseñaste… pero siempre me salgo de tiempo. Los 19 de cada mes pasó tu numero a mi agenda para recordarme de llamarte y los ultimos dias de octubre siempre me dá por llorar. Di que todavía me quieres un poquito y aplazo la boda.
— No tiene caso.
— ¿Me quieres si o no?
— No quiero quererte.
— ¿Por que me evades?
— Porque yo si sé lo que sientes por mi. Sientes por mi lo mismo que has sentido siempre. Lo que sentías cuando nos conocimos. Lo que te hacía estremecer cuando nuestros labios se juntaban. Sientes lo mismo que sentías por mí cuando te largabas con aquel. Tardé en darme cuenta pero ahora no tengo duda y tu no has cambiado en nada. Por eso que sientes es que te llegué a odiar tanto. ¿Te lo advertí recuerdas? Yo sabía que no tenía caso, pero te lo advertí y te lo suplique el mismo dia que nos besamos por primera vez. ¿Recuerdas lo que te dije? ¿No? Bien, te lo recuerdo y te lo suplico otra vez: Por favor, por lo que más quieras, nunca jamás vayas a sentir lástima por mí.
— Adios.
— Si. Ha sido todo un gusto conocerte. Olvidame y sé muy feliz.