Pint-A-monos
Marzo 09, 2005 | Gnognerie absolute
En el colegio, Oscar y yo éramos los que mejor dibujábamos de clase. Él se dedicaba a crear monstruitos y seres extraños para los niños y yo garabateaba mujercitas al más puro estilo cursi-ñoño para mis amigas de pupitre…
Así arranca el post de “Criaturas en mi cabeza” en Ma claque, Blog de Xènia. Y me recordó (al igual que a todos los que lo leímos) a nuestros tiempos de escuela elemental.
En mi salón, Octavio y yo eramos los mejores dibujantes. En esa época estaba de moda una de las caricaturas que marcó la infancia ochentera en México: MazingerZ. En los recreos o en las típicas pausas que hacen los maestros para tomar café, nos poníamos de acuerdo. Octavio dibujaba a Mazinger y yo (a diferencia de Xènia) seguía en esa línea: a mí me tocaba Afrodita-A. Él era buenísimo para los monitos, pero supongo que el pudor le impedía acercarse lapiz en mano a los cohetes pectorales de la robot.
ACTUALIZACIÓN1: Estoy editando la imagen, un momento por favor.
ACTUALIZACIÓN2: Listo, Jamfris, ofrezco disculpas. :$
A mí también me pagaban por dibujar, con galletas saladas con salsa, que compraba en la cooperativa. Dios! Nunca me han vuelto a saber igual de ricos esos cuatro cuadritos con químicos disfrazados de salsa! :P (yomi!) No recuerdo el nombre de mis condiscípulas a las que también les gustaba esa caricatura tan “de niños”. Creo que nada más éramos tres, las demás se desvivían por Candy Candy.
Me veo a mí misma frente a una hoja en blanco, vertical, arrancada (a escondidas) de la libreta estilo italiano que mamá me encargó cuidar. Era maravilloso dibujar con trazos rápidos la cara alargada de Afrodita-A, los cuernos, bajar a los hombros, los brazos, la cintura, piernas y botas. Dibujar el casco donde entraba Sayaka, la conductora con todo y moto. Luego los ojos almendrados y claro, su arma más poderosa: los cohetes del torso. :$ (Esos japoneses tienen cada idea tan… tan… tan… inocente, no sé si sea esa la palabra. Ven la sexualidad de manera tan extraña! Mira que crear una caricatura donde la chica arroja los pechos, jajaja, eso sí es raro. O aquella otra donde el protagonista, mojándose se convierte en mujer!)
Al igual que Oscar, Octavio no se convirtió en dibujante. Supe que cruzó la frontera y vive en alguna parte de EUA. Y a mí desde entonces me identificaron como una friki en potencia.
Y no importa si jamás conduzco una robot con gran pechonalidad tratando de salvar mi propia-versión-de-Tokio-City. Algún día… como que me llamo como me llamo, conduciré una moto y salvaré a mi amado sin perder partes de mi anatomía (espero)… ;)
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Envidio a la gente que sabe dibujar…. mis vacas parecen perros y los perros caballos; soy realmente malo para dibujar :(