No estoy muerta.
(Inserte grititos y algunos brincos histéricos aquí)
Ando de parranda. :)
En días pasados, a propósito del accidente donde fallecieron varios integrantes del gabinete de seguridad, en el noticiero que acostumbro ver, hablaban sobre el (probable) lugar donde se había estrellado el helicóptero. El titular hizo un acercamiento al cerro mediante lo que (con emoción) reconocí como Google Maps. Yo sonriendo como bobita, esperando a que pusieran algún letrero confirmando mis sospechas y nada… El conductor acercaba y acercaba, hablaba y hablaba y nada que decían la fuente (él o el monitor). Pasaron varios segundos antes de que apareciera la etiqueta:
Cortesía de Google Maps
Y yo 8-)
Bien orgullosa de saber que [sarcasmo] unos pocos miles [/sarcasmo] que veíamos el noticiero en ese momento, sabíamos usar GoogleMaps. Jejeje
Otra de las cosas que me tiene muy feliz es que ya he ayudado a 2 personas a crear y administrar su cuenta en Flickr, para que suban sus fotos y puedan comentar en las mías. Ahora me parece cosa sencilla, pero en mis tiempos de novata, híjole, como batallé! Ahora nada más me falta convencerlas (o a alquien más) de que cree su blog… Uff, eso va a estar más difícil. Es que las relaciones entre la compu y yo de repente se vuelven muy apasionadas (con toda la carga negativa y positiva que implica el término)…
Mis amigos no geeks creen que soy geek.
Mis amigos geeks creen que soy geek wannabe.
Yo, que me conozco mejor que nadie, creo que todo se resume a que soy freak. :P
ACTUALIZACIÓN (27/09/05) Creo que Mario me conoce mejor que yo misma y Ha sugerido un diagnóstico: I’m a blogloser. Búuu.
La ida a Guadalajara es noticia vieja por acá. Luego del interrogatorio obligatorio por parte de todos los interesados, de ser la aventurera que se va a una ciudad desconocida a conocer a unos tipos de quien se cree íntima por unos cuantos bytes, me reconvierto en la mujer que camina presurosa por las mañanas, musitando entre dientes y volteando continuamente a los lados en búsqueda de un taxi.
Mi barrio se ha trastornado otra vez por la inminente llegada de la feria del pueblo. Cientos de individuos pululan de repente e inundan de extrañeza mi paisaje conocido. Quiero evitarlos a toda costa, pero estoy en el epicentro, es misión imposible. Me repito Soy invisible. Soy X y los hago transparentes mientras avanzo con paso veloz entre un mar de cuerpos sudorosos y atentos, cabellos tiesos, playeras cortas y música estruendosa.
Llego a la oficina justo para descubrir que aún no preguntan por mí. Fiuf! Un consuelo. Comienzo a checar los pendientes… La dueña de un monitor LCD viene a recogerlo y me vienen a la cabeza ese par de mensajes que envié desde GDL, para que lo checaran. Me asomo al taller y el monitor sigue en el mismo lugar. Me disculpo y prometo presionar para que lo revisen. Rayos, ya son las 11. Un par de charlas en MSN me hacen olvidar el hambre y que todo parece resentir mis tres días libres. Entregar una animación, checar la cobranza, los cacahuates me hacen ojitos. Ya son las 2.
Salgo con un sentimiento de asfixia que hacía mucho tiempo no tenía. Voy jugando con mi camarita, vieja vieja pero me sigue pareciendo milagrosa y el mejor regalo que me pude haber hecho.

El calor me pesa, las fotos no salen tan bien. Llego salivando a casa. La comida no es todo lo sabrosa que esperaba, pero sé que estoy un tanto triste y por eso no le he visto el fulgor a este día.
Como sin ganas, yendo a mi cuarto por los lentes: ahora los necesito para leer las letras pequeñas del noticiario. Estoy degenerándome.
Empiezo a recoger mi cuarto, terminando de acomodar los cuatro suéteres que no usé el fin. Más tarde, vendrá mi cuñada: quiere que le ayude a instalar su multifuncional. Vamos pues, a su casa. Mi sobrinita quiere jugar conmigo y no hace caso de su tarea. Juega con tierra y sus rodillas son un monumento a la infancia que creo perdí. Regreso arrastrando los pies a la oficina. Un amigo me pide una sincera opinión sobre su actitud sarcástica y hostil frente a otros. A una de las PC no le funciona el floppy y alguien con mucha prisa trae un documento imposible de imprimir. Ya son las 9, gracias a Dios…
Mi patrona no puede dejarme como siempre frente a mi casa. Tengo que caminar algunas cuadras. Subo a la plaza intensamente iluminada por los juegos mecánicos instalados al vapor. La gente comienza a venir a estos rumbos. No se suben a los juegos, pero los ojos de sus niños se animan con la novedad. Las muchachitas, floreciendo, envían sonrisas coquetas a los grupos de adolescentes rebosantes de hormonas. Estos dejan de mascar su chicle por un momento. Están aprendiendo el lenguaje de sus cuerpos. Se escurren unas entre otros y sólo vendedores tempraneros, con sus carretillas de nueces interrumpen el ritual. Trato de esquivarlos a todos y camino a media sonrisa, observando. Mis cabellos son demasiado cortos para permanecer amarrados por la liga y se han salido. Mis lentes tienen huellas y al pasar mi lengua sobre mis labios, descubro que no llevo ni siquiera gloss. El invierno se acerca, no debo ser tan descuidada.
Un chico en bicicleta me ha rebasado, lleva una playera azul y roja. Su nuca es tan parecida la del chicogalleta. Acordarme súbitamente de él, me arranca una sonrisa involuntaria. Hace unas semanas llamó al trabajo, buscándome. Pero se equivocó de extensión y habló con alguien más (creyendo que era yo). De la vergüenza no ha vuelto a llamar. Suspiro hondo.
El muchacho pedaleó demasiado rápido y me he vuelto a quedar sola en esta calle semioscura. Los tenis viejos que cuelgan del alambrado, se balancean sin prisa. Mis tacones rechinan. Los mandé arreglar y ahora hacen un ruidito extraño cuando doy una zancada amplia.
No es necesario, unos cuantos metros me separan de mi casita de cacahuate. Antes de eso, emito un Buenas noches casi mecanizado a esos vecinos que acostumbran sentarse, con estos aires, afuera de su casa. Aprieto mi bolsa contra mi costado y me estremezco.
La chamarrita azul y mis lindos zapatos, son cosa del pasado. Han sido substituidos por una sudadera que alguna vez fue blanca y unos zapatos negros que tuvieron sus años mozos. Un vaso de leche fría es mi única motivación ahora. Está retirado del teclado (por aquello de mis movimientos torpes) y la consumo en pequeños sorbos.
Lo que daría por comerme unos tacos de huevo frito… Ash, apártate de mí, Satanás…
Por eso he hecho caso omiso a la liberación de Romano, de la muerte de Martín Huerta, de Rita ya de categoría 5.
He venido para acá a escribir. A leerme. A imaginar que me lees y que comparas mi día con tu día. Un día normal para mí… ¿Y para ti?
Así esp amiguitos, regresamos a este pequeño show, agradeciendo a todos los participantes en el Ahogadas&Blogs por haber asistido.
Gracias a unos por haber organizado, otros por habernos trasladado, a aquellos que nos hospedaron, aquellos que regresaron a saludarnos y sobre todo, a los que no se rajaron a la hora de dejar buena propina. ;)
Guadalajara es muy hermosa pero la compañía fue lo mejor.
Espero ansiosa una nueva reunión.
Gracias, Guanatos :D
ACTUALIZACIÓN (20/SEPT/05): Las fotos que yo tomé ya están en Flickr etiquetadas como ahogadas&blogs. Para ver todas las que vayan anexando los demás, ver tag pública ahogadas&blogs. Anden, etiqueten sus fotos bajo ese criterio (u otro más conveniente y pasen el tip) :)
Entiendo que por lo de las Ahogadas, me haya puesto a dieta, haya luchado por un cambio en mi cabellera, que ya enchine mis pestañas, me pinte las uñas y hasta modere mi lenguaje, pero…
Planchar mis jeans? o.O
Fue entonces cuando me dí cuenta que, definitivamente, soy otra. ;)
Era un libro imposible de leer.
A pesar de tener sólo 140 hojas, se le había hecho el difícil.
Era uno de los libros más bellos con los que se había topado. Ella lloraba y reflexionaba y se indignaba con lo que leía. Se maravillaba una y otra vez de leer esas historias, una de ellas incluso, bullía en su interior también.
Tres veces lo intentó. Tres veces fue vencida.
No comprendía la razón. Había noches, ciertas lecturas, en las que leía el doble del total de hojas. La lectura era apasionante, intensa.
Entonces ¿Porqué lo abandonaba? ¿Qué extraña serie de circunstancias hacía que el libro desapareciera por un tiempo? ¿Porqué precísamente en el mismo lugar, dejaba de interesarse en él? ¿Acaso era él el que la abandonaba?
Los meses pasaron. Ella cambió. Él no podría cambiar. Se reencontraron.
Cuando lo tomó por cuarta vez, se prometió a sí misma llegar al final (por fin).
A pesar de su devoción por cuidarlos, por respetarlos, ahora no perdería la oportunidad de atacar por todos los frentes. Se armó con un lápiz e iba rayándolo, analizándolo, repitiéndose que los planetas estaban alineados y que esta vez, ella lo conquistaría.
Devorando las páginas como una loca febril, se maravillaba de seguir descubriendo cosas nuevas. No había cambiado tanto como para haber sido tan ciega y NO COMPRENDER lo que ahora veían sus ojos.
Entonces, llegó al fatídico capítulo cuarto. Inició la segunda parte. La parte práctica.
Aún le temía. ¿Sería posible que la venciera también esta vez?
Ella se preparó para el desafío. Se acomodó en su asiento. Se aflojó los zapatos. Empuñó su lápiz. Enjugó sus lágrimas…
Y se sumergió en él… Deseando que él se concentrara en ella…

Definitivamente me sentiré en mi ambiente ; )
Como buena ñoña que soy, rara vez tengo conflictos con la autoridad. Solamente dos veces he tenido problemas con la justicia.
La primera de ellas, fue cuando tenía como cuatro años: la maestra del jardín de niños, nos llevó a todo el grupo a un local de teléfonos. Era una caseta telefónica, supongo que para ver los diferentes trabajos. Total que ahí estábamos montonal de enanos, unos traviesos, otros como que ponían atención a lo que la señorita telefonista explicaba, y yo… babeando por un chicle.
Mis padres no me daban dinero en ese entonces. Era demasiado pequeña como para comprender el valor del dinero, pero eso no significara que no tuviera deseos de comprar… Así que… Con todo y la pena y la vergüenza, no me resistí y en un descuido de la maestra y de la dependienta me robé uno de los chicles. Éramos un montonal de chiquitillos gritones, un mar de actividad. Nadie se dio cuenta… Con cuidado, desdoblé el chicle, hice bolita la envoltura y la apreté fuerte en mi mano mientras comenzaba a saborear el chicle… :P
Lo siguiente que recuerdo es que, al salir del kinder, llegué corriendo a casa (me extraña esto, porque deberían haber ido por mí) y encontré a mi mamá regando las hierbas. Casi al grado de la histeria, le pedí que me escondiera, porque la policía de segurito me estaba buscando!!!
Fui una loser. Lo sé.
Fui. Soy. Seré…
Pero ahí tienen a mi pobre mamá hecha un manojo de nervios tratando de descubrir qué me tenía en ese estado de paranoia… Con todo mi sentimiento de culpa, le expliqué lo del chicle maldito, de mi debilidad, del descuido de la telefonista, de la envoltura que aún conservaba en mi mano y de mi firme promesa de que no lo volvería a hacer…
Madre me enjaretó uno de esos sermones dignos de Los años maravillosos, digo, debió de habérmelo dicho, porque de eso ya no recuerdo gran cosa. Sólo recuerdo mis lágrimas y el agridulce sabor de mi falta. No volvería a robar nunca.
Y eso, queridos amigos, es algo que he cumplido al pie de la letra. 0:)
Una de las frases que me conmueven más, es sin duda:
“Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños” Blanche Dubois (Un tranvía llamado deseo)
Todos alguna vez nos hemos visto en la necesidad de depender de un extraño para salir de un problema. Puede ser que nos diga el nombre de una calle, nos preste dinero para tomar el autobús, nos guarde nuestro lugar en una fila o acelere algún trámite.
Yo casi siempre recuerdo a los extraños que me ayudaron. Y soy una extraña que trata de ayudar.
Recuerdo especialmente a un guapísimo muchacho con el que me topé a finales del 2000 en una parada de autobús. Yo no había podido subirme al último que había pasado esa noche al salir del trabajo, porque me había dado cuenta que no traía un peso encima. Esa tarde había comprado algo y me habían dado mucho cambio, por lo que lo había dejado en mi escritorio, esperando cambiarlo con la chica de caja. Pero lo olvidé.
Y ahí me tienen, toda nerviosa, esperando a que pasara un taxi para que me llevara a casa y pagarle hasta que llegara. Pero ninguno pasaba, y habían comenzado a caer unas cuantas gotas que auguraban una buena tormenta. En la avenida Carranza se alcanzaba a ver que ya venía un autobús. Me armé de valor, voltee hacia el guapo y le digo: “Hola! Oyee, me da mucha pena, pero… ¿Traerás cinco pesos que me prestes? Es que ya va a llover, y ya ves… ningún taxi pasa…” El chico sonrió y se hizo de día por unos segundos.
“No hay problema, aquí tienes”
Luego cruzamos un par de frases tontas sobre el clima. Mi sweter era muy delgado y él traía una chamarrota TommyH. Creo que hasta nos reímos. El camión se paró justo a tiempo para no mojarme. El chico-sonrisa-de-sol se refundió en su chamarra, pero no subió porque no era su ruta. Nunca más lo volví a ver.
Le he pagado sus cinco pesos (en otros) intentando que mi sonrisa de comprensión acabe con la situación vergonzosa. Tal vez yo haya sido un sol para alguien en más de una ocasión. :)
Mi coneja se enfermó la semana pasada. Bueno, en realidad ya tiene más tiempo enferma. A principios de año le salió una infección en un ojo que con muchos cuidados fue curada. Pero hace dos semanas, reapareció. Además, del mismo lado le salieron horribles escamas negras en una de las orejas. Como el veterinario me había advertido que, siendo albina era muy probable que desarrollara cáncer, me preparé para llevarla el fin de semana pasado a que la sacrificaran. :’(
Eso me provocó un conflicto terrible. Realmente se sentía mal la coneja? A pesar de tener más de 8 años de vida, yo la veía comer normal, se aseaba y corría como siempre (era dificilísimo atraparla luego de dejarla corretear un rato en el jardín). Me puse a pensar si el dolor era lo suficientemente fuerte como para mermar su calidad de vida. Si estaba en mis manos decidir si ese sábado húmedo y cálido iba a ser el último para ella…
Con todo el dolor de mi corazoncito negro, la saqué por última vez de la jaula. Me miraba con sus ojos acuosos, rojizos, como diciendo “No tengo idea de lo que piensas”. La puse en una bolsa enorme (aunque pese menos de 3 kilos) y nos llevaron al veterinario.
Cuando llegué, le expliqué con frases rápidas mis temores y pedí me diera una opinión sincera, ya que si bien no quería que sufriera, quería intentar curarla otra vez. Yo soy defensora de todo tipo de vida. Frecuentemente hay peleas con mi hermana porque no mato a las arañas o las palomillas nocturnas. De lo único que no tengo compasión son de las cucarachas y los mosquitos… pero bueno, esa es otra historia. Regresando al consultorio, el doctor recordó a “la paciente” y me guió a la sala de exploración. Puso a la cone sobre la mesa y esta se resbalaba (recuerdan a Tambor en Bambi? snif, casi casi). Yo comencé a tragar saliva y a ver cortinas de agua… Y el doctor sólo dijo: Ahh, ya sé, ya sé lo que tiene!!
Y yo, casi desesperada: ¿Qué? ¿QUÉ?
Era sarna.
Jejeje, yo no conocía esa enfermedad. En alguno de mis libros de primaria, en las medidas de higiene, venía el dibujo de un niño greñudo, de sudadera verde y pantalón azul marino, rascándose la cabeza, de la que salían estrellitas, o algo así. Abajo tenía el título: S A R N A.
El doctor me explicó que la infección del ojo se había recorrido un poco y que por eso ya no sangraba por el ojo, sino por la nariz. Y que la otra enfermedad era muy común en los conejos (en ambas orejas), así que no me preocupara, había que combatir ambas infecciones, pero la cone estaba en buenas condicones generales de salud. Le recetó un jabón especial, me dio las indicaciones de como aplicarlo, la inyectó y quedé de ir los próximos 4 días.
Mi hermano me estaba esperando afuera del consultorio. Creyó que iba a regresar hecha un mar de lágrimas y un cadáver. Y regresábamos, yo con una sonrisota y ella con los mismos ojos acuosos de no-sé-lo-que-piensas. Desde entonces, yo hago malabares para tener tiempo de lavarle en la mañana y en la noche, y en las tardes, cruzo Sanfe como loca para que le apliquen el medicamento (yo soy la única que tiene la seguridad para agarrarla, pero no para inyectarla) y regreso a casa a comer con la misma rapidez de un adolecente que ha metido unos DoritosNachos de contrabando a clase. :) Sé que si supiera conducir otra sería la historia de estos días, pero… ¿qué hacerle? Mañana es el último día. :)

Algunos me han dicho que son demasiadas molestias por algo tan viejo. Que me sale más barato comprarme uno nuevo (a propósito que estoy ahorrando para un viaje ;) ). Pero yo no quiero algo nuevo. Quiero a mi coneja con todo y su ojo enfermo… Es parte de mí, de mi vida, de mi historia. Nada de eso tiene precio.
Así que… Hoy no tuve que decidir sobre la vida de nadie… A menos, que se me atraviese una cuca. Ahí sí, como dije, no respondo…
Cada vez hay menos gente que cree en el amor a primera vista.
Cada vez hay más gente que cree en el amor al primer desviste.
Hoy recibí por n ésima vez la cadena esa donde, de acuerdo a tu fecha de nacimiento, te corresponde un tipo de árbol, una cualidad y una breve descripción de tu personalidad. Bueno, según esto, a mí me corresponde…
Jun 14 a Jun 23 - La Higuera (la Sensibilidad)
Muy fuerte, es una persona un poco voluntariosa, independiente, no permite las contradicciones o discusiones, ama la vida, su familia, los niños y los animales, un poco volátil socialmente, buen sentido del humor, Tímida pero extrovertida. Gusta de la ociosidad y la pereza, de un talento práctico e inteligencia. Persona muy sensual y atractiva al sexo opuesto. Consta de gran elegancia y porte.
Muchas cosas son ciertas, las otras, viles mentiras… Bah… Esta es la última vez que les creo a las cadenas…
Me gustan los higos. Hace años que no los como, pero cuando era niña, los consumí mucho. Hasta los 8 años, vivimos en casa de mis abuelos, ya saben, esas casas con muchos cuartos los cuales dan a un patio destechado. En el centro del patio había una higuera. Era viejísima, tanto como la casa (fue de las primeras de la colonia… debe de ser como de principios del siglo XX). El chiste es que cada determinados años tenían que podarla y estarle quitando los gusanillos que se metían entre las ramas. A veces dejaban sólo el tronco, pero se volvía tupir al siguiente verano.
Uno de mis primeros recuerdos es ver a mi hermano y a mi abuelo, escarbando con un picahielo. Recuerdo los higuitos abortados (verdes, duros y con la forma de diminutos globos aerostáticos), los brincos alrededor de ella, tratar de ver el sol a través de su follaje, sus hojas rasposísimas…
Tengo mucho sin entrar a la casa. Ya tiene varios años rentada, así que ignoro si la higuera sigue ahí, si se la comieron los gusanos, si sigue teniendo enormes y rugosas hojas. Mi adorado abuelo (a quien celebraban su santo el día de mi cumple) murió hace 14 años. Y mi hermano… hoy se fue a León. Y me hubiera gustado platicar con él de esto. De los recuerdos que compartimos. Le mandaré un mensaje, tal vez en algún centro comercial de por allá halla higos y me traiga algunos…
Por los viejos tiempos… :)