Buenas noches a todos.
Ya había venido a las reuniones varias veces, pero aún no había tenido valor para prestar testimonio.
Esta noche estoy lista para hacerlo.
Bien… Aquí voy:
Soy Martha. Y soy ñoña.
(Voces en off… Hola Martha. Saludos Martha. Nos da gusto escucharte, Martha)
Soy hija de ñoños. Desde pequeña me han dado ejemplos, una y otra vez, de que ser ñoño no es tan malo. Cuando comencé a darme cuenta que mi comportamiento me estaba trayendo problemas con los demás, me prometí alejarme de la imagen que mi padre (pero sobre todo mi madre) me estaban dando. Claro que más ejemplos que mis hermanos mayores, no pude tener…
Ahh! Sip, me corrigen, “sólo debo hablar de mi caso”.
Ehh… Por donde empezar?
Siempre he tenido conciencia de mi ñoñez.
Recuerdo la primera vez que me picó un mosco (abeja). El ojo se me hinchó tanto que debí salirme del catecismo (escuela de religión). Mi hermana mayor fue quien me recogió y padeció mis lloriqueos: Estaba absolutamente segura que me convertiría en abeja… Pues una me había picado. Comprendan, tenía unos cinco años.
En mi multicitada única pelea a golpes con otra niña (que me odiaba precisamente por ñoña), le pedí permiso a mi mamá para pelearme. La pregunta era tan estúpida que mi madre no me creyó. Al día siguiente, estando dispuesta a ser aniquilada (y sin permiso de mi mami, yuppi!), llega mi madre y me rescata. Gnognerié absolute.
Otro ejemplo fue la primera disco que fui, ya en 1o. de sec. Iniciaba a las 6p.m., pero mis amigas y yo llegamos desde las 5:30 para apartar lugar. Ni siquiera habían puesto las sillas… (Risas del público).
Una de mis últimas ñoñerías me las recordó un comentario del post anterior. Hace más de un año estaba viendo con un amigo la película “Lilo & Stitch”, 100% Disney, cuando me ganó el vicio: hubo una fuga de lágrimas en mis ojos cuando Lilo tira a su muñeca por vieja y fea (nadie la comprende) y cuando se regresa por ella y la abraza no pude evitar suspirar y decir “Ayyy! que tierna!”
(La sala se llena de murmullos)
Sé que a algunos miembros de este honorable grupo les causará repulsión hasta donde he llegado, pero otros me comprenden (posiblemente habrán caído tan bajo como yo), pero por eso estoy aquí hablando de mi problema, para que una vez que lo he reconocido, encontrarle solución.
Y así podría dar ejemplos y más ejemplos que tener estos pensamientos sosos y cursis me acarrea problemas. Reconozco que no puedo más.
No puedo controlar el grado de mi ñoñez. Reconozco que soy ñoña consumada, soy adorable, sensible, dulce y tierna, además de bien portada e ingenua. Hay que agregar además, “honradez”, “empatía” y “rutina”. Y algunas cosas que me guardo para futuros testimonios. Como buena ñoña, no suelo entregar todo a la primera noche… :P
Tardé en aceptarlo, pero hoy lo he hecho. Soy ñoña.
(Algunos “Bravo” y aplausos aislados)
Sé que nunca voy a dejar de serlo. Pero hoy controlaré mis comentarios, mis pensamientos, mis sentimientos.
Sólo por hoy no seré ñoña. Sólo por hoy.
Gracias
(Aplausos en Off)
Veamos. Este es el primer post que publico yo solita (gran dificultad, todo está en español :P).
Domingo por la tarde y yo ya aburrí con la canción “Drops of Jupiter” de Train. Siempre me ha gustado la canción, pero hasta hace cosa de unas semanas le puse atención a la letra y ¡flechazo!. I’m in love.
¿De que trata? Bueno aquí está un pequeño resumen de esa y otras canciones inspiradas en la Ciencia Ficción.
“Drops of Jupiter” además, contiene ciertas palabras que son recurrentes en mi léxico (“… She acts like summer and walks like rain - Ella actúa como verano y camina como la lluvia”), o séase: me identifico con ella. Claro que no soy una chica recién desembarcada de Júpiter, Luna, etc., pero ahi días que me siento así (especialmente cuando nadie me comprende)
En fin… Es hora de terminar este post… Veamos como quedó… :)
Conocí a Miguel (no es su nombre verdadero) hace mucho, mucho tiempo. Estábamos en prepa. Distintos grupos, distintos amigos. No me parecía especialmente atractivo. Le perdí la pista y hace poco lo volví a encontrar. Había cambiado. Supongo que también yo cambié. Pero al destino le gusta jugar y nos colocó en el mismo tablero.
Ya saben, como dí un cursillo de EXcel, la oficina que me contrató lo envió a checar papeleo pendiente. Me daba gusto verlo, y supongo que la simpatía era mutua. Siempre estaba sonriéndome.
Ayer, a su lado, reviví una situación que hacía muchísimo no vivía. Dicen que ya que lo haces por primera vez, las demás son, por así decirlo, “pan comido”. Conmigo no. Yo siempre, siempre me encuentro nerviosa en esos momentos. A pesar de que mi primera vez fue hace muchísimo tiempo (la verdad, ya ni me acuerdo), siempre me entra un nervio hilarante. Esta vez no fue la eXcepción.
Toqué la puerta y me indicó con un ademán amable que pasara. Un beso fugaz en la mejilla (había otras personas en la sala). Dijimos ese tipo de cosas que la gente dice cuando no quiere hablar o teme hablar demasiado o no es el momento adecuado.
Nos quedamos solos. Notó mi nerviosismo. Trató de tranquilizarme, llevándome a donde él quería que ocurriera todo. Y ocurrió. ¡Dios! ¡Cómo detesto parecer una primeriza! Digo, también (aquí entre nos) hacía tres años que no lo hacía. Reza el dicho que lo que bien se aprende, jamás se olvida. Pero ¿y si ahora hacía algo mal? Traté de despejar mi mente, concentrarme en lo que estaba haciendo, disfrutando del momento (¿quién sabe cuando vuelva a surgir una oportunidad como esta? ¡tres años! Maldición, tengo razones para estar nerviosa). Mi mano cobró vida propia, se deslizó, como recordando algo que se ha sabido desde hace tanto, desde el principio de los tiempos. Yo la miraba como desde lejos, como si no fuera yo, como si fuera alguien más. Sentí calor.
Sudaba como cerdo y lo miraba. Sólo sonreía (¿qué este hombre no sabe hacer otra cosa que sonreír?). El tiempo avanzaba con rapidez. Cuarenta y cinco minutos después, agotada, me derrumbé. El sueño que podía haber tenido se me había esfumado. Sonriendo yo también, apenada, comencé a recoger mis cosas.
-“Bueno, me llamas o qué? – MarthaX titubea. A pesar de todo conserva su timidez.
- “Claro. La semana que entra. Cuídate”.
- “Igual. Bye”.
Otro beso. Salgo. El sol de las 9:23 a.m. me pega de lleno.
Espero esto no me traiga problemas posteriores, ya saben, algunas veces, este tipo de situaciones traen consecuencias. Espero sólo sean positivas (o debo decir negativas? ya no se ni que pensar)
Espero que me llame. Sé que tardará unos días en analizar lo que pasó.
Tres años. WOW! ¿Cómo he podido vivir sin la adrenalina resultante?
Sigo reviviéndolo en mi mente, una y otra vez: “¿Nombre? MarthaX. ¿Fecha? 24/03/04. Relacione la columna de la derecha con las respuestas de la izquierda…”.
Tres años sin hacer un eXamen. Sin tomar un lápiz del núm. 2. Sin leer en voz baja letras que forman palabras que forman oraciones que forman preguntas. Y yo conozco la respuesta, sólo es cuestión de concentrarme, sumergirme en mi memoria y eXtraer los datos.
Pero por favor, que no me sonría un chico atractivo. A pesar de que Miguel no es guapo, me parece atractivo, sí, definitivamente me pone nerviosa. ¡Que bueno que se fue a otro cubículo apenas me dio las hojas de la prueba!
Quedó de llamarme la próXima semana para entregarme los resultado del eXamen que se les hizo a todos los intructores.
Antes, cuando era estudiante, odiaba los eXámenes. La verdad, sigo odiándolos. Me ponen nerviosa. Me dan ataques de risa loca. Pero sobre todo: odio sudar como cerdo.
ACTUALIZACIÓN: Este relato trata exclusivamente de mi reacción ante un examen y todo el nervio previo a realizarlo. No se trata de otra cosa… :P
Dije que hoy iba a escribir algo y heme aquí, diluyéndome en unas cuantas palabras. Quizá ya te lo he dicho, pero necesito hacerlo una vez más, tu sabes, para eXorcizar mis demonios.
Me duele tu ausencia.
Esta noche, mientras la lluvia caia, hubiera deseado que caminaras junto a mí. La lluvia era hermosa ¿sabes? de ese tipo que es ligera pero lo suficientemente fuerte como para empapar.
Siempre te invoco en mis caminatas.
Esta tarde el cielo estaba teñido de un azul intenso y unas cuantas gordas nubes pasearon perezosas. Alguien debió pincharlas con un alfiler, puesto que empezaron a escurrirse poco a poco. Disfruto de esas caminatas a solas, pero preferiría que caminaras conmigo bajo esa lluvia que me gusta tanto. Quizá hubieras brincado sobre los charcos y al salpicarme, yo habría reído como cuando niña.
Las palabras ni los besos hubieran sido necesarios, sólo la risa. Tu mirada traviesa. No consigo imaginarla. No consigo imaginarte. Te he puesto tantos rostros, tantos nombres, que ya me resultas desconocido. Y sin embargo ¡me haces tanta falta!.
La belleza de la noche y de la lluvia serían acaso mayores si estuvieras hombro con hombro, a mi lado.
A veces canto. Canto esas canciones con las que invoco tu presencia. Cual sirena, intento atraerte hacia mí…
Como te decía, hoy el sol dominaba después de un rato a los otros habitantes del cielo. Comenzó a hacer calor. Desee poder desnudarme y correr sobre el cemento sobre las banquetas, sintiéndolas convertirse en brasas ardientes. Correría hacia tí y no me harían daño. Tu tampoco lo harías. Quizá me tomarías en brazos y me tirarías en el pasto y ahí, después del amor, veríamos el paso de las nubes rebozantes de lluvia… Sé que a mí me daría frío, pero me haría ovillo en tus brazos y cerraría los ojos de placer. Y dormiríamos así, abrazados, sobre el pasto y bajo el cielo azul. Quizá llovería.
Me gustaría abrazarte bajo la lluvia. Ver como resbalan las gotas de tus pestañas. Ver como, al cosquillearte la nariz, pasas tus dedos fuertes sobre ella. Y luego… a correr. Es muy divertido correr bajo la lluvia.
Pues ya estoy cansada de caminar cantando, llamándote.
Ojalá estas palabras lograran lo que mi canto no consigue.
Que al fin aparecieras.
Pero aún no consigo entonar las notas del conjuro de tu aparición gloriosa.
¿Hasta cuando?
No hay lluvia, no hay sol, no hay estrellas ni luna.
Y yo he dejado de cantar.